lunes, 8 de febrero de 2010

...La vida que imaginé...

Cuando sos chico soñás con lo que vas a ser cuando seas grande. Y si te dejan soñar, soñás en grande….De grande medís tu vida como un parámetro ¿es mejor o peor de lo que imaginaste? Si soñaste mucho con la vida que querías, sabés muy bien lo que querés y también sabés lo que no querés, lo que no cuaja con lo que soñaste para vos. Al imaginar nuestra vida, nos convertimos en un personaje de nuestra propia novela. Perseguimos siempre esa vida que imaginamos… pero cómo se hace para vivir si sabés que esa vida que imaginaste nunca se va concretar? Lo que nos sostiene son los sueños, pero cómo hacés cuando entendés que eso es imposible? Hay que conformarse con la vida que nos toca? Hacemos lo imposible por ajustar nuestra vida a lo que soñamos y la vida se resiste…se revela nuestra idea de cómo debe ser.…El problema de los sueños es que a veces se convierten en capricho, querés esa felicidad que soñaste o nada. Cualquier detalle distinto a lo que imaginaste arruina la felicidad. Duele mucho la felicidad cuando sos un soñador. Pero lo que duele es lo ideal, no la realidad. La vida que imaginás puede ser un sueño, pero también puede convertirse en una cárcel. Hay que dejarse sorprender, que la vida elija por vos. Lo ideal te puede hacer perder de vista lo real…Si querés concretar tus sueños lo mejor es empezar por matar al ideal. No es matar los ideales, sino que hay veces que uno se imagina su vida como si fuera una película, una epopeya heroica, y es muy difícil estar a la altura de ese ideal. El ideal es tan brillante que puede terminar tapando lo bello de la realidad. Podés sufrir toda la vida por ese ideal, hermosos, puro, brillante, pero lejano y cada vez más lejano. Hay que poder distinguir los sueños del ideal. Los sueños son pequeñas excusas que nos ayudan a crecer. El ideal es una gran mole de oro que nos paraliza. En cambio la realidad es frágil, endeble, imperfecta, pero verdadera. Porque al final del camino uno puede contar la vida que vivió, no la que imaginó. Entonces mejor que imaginar la vida es vivirla.

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